Nº3 / Los rumores son ciertos: la sociedad y yo nos estamos divorciando.

Es con mucho pesar y congoja que debo anunciar nuestra separación definitiva. Después de un largo transitar juntos, he decidido pedirle los papéles de divorcio a la Sociedad.

Quiero aclarar que este quiebre no es antojadizo y no se produce porque ambas partes estemos teniendo caprichosos desencuentros que nos han conducido hacia una relacional abismal. Es más bien una decisión tomada después de un largo ir y venir, intentos de reparación conyugal e incluso, si me atrevo a confidenciar, … terapia de parejas.

Nuestras desavenencias ya son demasiadas y quebraron absolutamente toda posibilidad de reencuentro. Cuando se quiebran definitivamente las confianzas, el cariño y esa mutua construcción de una realidad conjunta, es cuando ya no queda nada más porqué pelear.

Para aclararle a los curiosos y aquellos que constantemente se empecinarán preguntado cuales son las causas definitivas de esta ruptura, he optado por enumerarles una serie de razones que, personalmente, me conducen a tomar esta decisión para preocuparme de reparar mi sanidad mental, emocional e incluso física. Para no tratarla por su nombre todo el tiempo, he optado por referirme a Sociedad como la Contraparte de aquí en adelante. A saber:

  • La Contraparte se ha encargado durante estos 28 años de relación de forzarme a comportarme de una manera cínica y pasiva ante su presencia, para mantener el orden establecido por ella misma de forma autoritaria y tiránica. Con esto, ha hecho esfuerzos constantes por silenciar mi voz entorno a los problemas domésticos y universales que hemos tenido, clamando que mi voz es solo una e insuficiente para representar el criterio de un universo de personas. Dicho en otras palabras, se ha preocupado de silenciarme para no corromper el orden establecido por las fuerzas poderosas que la denominan, minimizándome constantemente y haciéndome ver que para ella no soy más que un simple empleado en la fábrica de formas de vidas que ella dispone.
  • Después de largas revisiones a su whatsapp, redes sociales, diarios de vida e historia, he descubierto su gran mentira: la Contraparte me ha estado engañando todo este tiempo, creándome falsas ilusiones desde que nací. Me hizo entender que podía conseguir todo lo que anhelaba en mi vida, si seguía correctamente el camino que ELLA dispuso para mi. Es decir, no me permite realizar un desvío de forma intencionada sin antes mencionárselo, de forma que ella siempre tiene el margen para traerme de vuelta al camino que ella eligió para mi. La muy desgraciada no quiere que sea yo quien maneje mi propio destino o que elija de qué forma quiero vivir mi vida. ¡NOOOO!, ella y su poder interespacial se encargarían siempre de llevarme con la corriente, sin permitirme salir de ella. Con la remoción de su careta, establezco ante el mundo que de hoy en adelante, el único que tiene poder de decidir mi presente, futuro y libertad, seré yo.
  • Ya no soportaba su intenso nivel de celopatía. Considero que siempre he sido un tipo prudente, que nunca ha engañado ni engañaría a alguien, pero sí debo reconocer que me permití vitrinear otras opciones mientras estaba con ella. A pesar de mis vistazos para el lado, estaba absolutamente enceguecido por el amor que le tenía a la Contraparte. Nunca siquiera hice un atisbo de abandono ni nada por el estilo; solo me conferí el poder de observar el mundo con una mirada desprejuiciada, donde pudiera ser capaz de evaluar de mi propia cuenta si existían otras posibilidades que parecieran más atractivas para mi vida. Pero ella, en un acto de insano recelo, me amenazó en más de una ocasión que de abandonarla, me quedaría absolutamente solo, quebrado y sin una sola perspectiva de vida. Qué villana tan insufrible.
  • No le gustaban mis amigos. Y esto debo reconocer que es un punto bastante importante para mi, porque jamás podré tolerar que alguien me intente dictar el tipo de amistades que debo tener. Menos que me de razones para creer que ellos transitaban por un camino equivocado, como una suerte de pecadores de lo racional, cuando optaban por exiliarse del libre consumo, las exigencias del mercado laboral y/o las formas que tenían de amar a otros. No puedo permitirle a nadie que me dicte lo que tengo que creer y como debo actuar, y menos cederle a alguien el poder de juzgar a diestra y siniestra a todo aquél que no siga la senda que ella pensaba que era la adecuada para vivir la vida.
  • Solo le importaba mi valor económico. Y este punto probablemente sea el que gatilló nuestra ruptura definitiva. Me veía solo como un sujeto productivo más en la fábrica de vidas que ella creó. Solo podía sacar un boleto para el tren que me guiaría por el camino que ella dictaminó que sería el adecuado para satisfacer todas mis necesidades. Pero no reparó en el hecho de que a mi me importa un verdadero y soberano carajo el dinero y los números, y menos me siento como uno más en su siniestro plan por automatizar las vidas de los humanos y sus emociones. Desde hoy, no me guio más por los valores que me dicta su mercado, sino el valor emocional e intuitivo que me dictan mis sensaciones corporales. Ellas serán quienes tengan el poder de dejarme llevar hasta el destino que el universo ha de proponerme atravesar.
  • Por último, para no alargarme en una lista que podría tornarse interminable, solo me queda constatar que he perdido todo el amor y esperanza que tenía puesta en la Contraparte. Nos drenó de esas lindas y primitivas emociones que fluían por nuestras venas e intentó transformarnos en seres inanimados, sin valores emocionales y sueños de vidas auténticas, mejores y libres. Nos quitó la fuerza que teníamos para ser persecutores de nuestro propio destino y nos dejó con el prefabricado que nos regalaba ella al crecer. Nos quitó la vista para ver las múltiples alternativas que el universo tiene para nosotros. Nos quitó las ganas de crear nuestro propio mundo, que al ser compartido con el de otros, creaba un universo mejor para todos. Nos quitó la voluntad para decidir, decir, pensar, creer, amar, inventar, crear y soñar por nuestra propia cuenta.

Quiero decirte a ti, Sociedad (vuelvo a llamarte como corresponde), que ya no volveré a caer en tus trucos. Que ya se terminó esto que intentamos construir juntos. Porque sin duda, es más fácil construirlo entre los que te dejamos y los que creemos en la libertad de todos y cada uno de crear su propio futuro. Es más sincero cuando creamos un nuevo lugar feliz, entre aquellos que nunca dejamos de soñar. Es más honesto, cuando nos empujamos unos a otros adelante, sin tener que mentirnos descaradamente todos los días de nuestras vidas. Es más verdadero cuando transitamos un camino de amor, aquellos que no le tememos a amar y ser amados. Es más real cuando tratamos todos juntos de avanzar el mismo camino, sin querer derribarnos entre nosotros y sin preocuparnos del valor numérico que tenga cada uno.

Lamentablemente sé que, como todo divorcio, toma mucho tiempo antes de que logre concretizarse. Sé que todavía nos queda algo de camino donde deberemos vernos las caras todos los días y donde probablemente vamos a tener que fingir una sonrisa, como si aquí no hubiese pasado nada. Va a doler, no hay duda. Es imposible dejar atrás 28 años de vida sin tener miedo de recibir lo que vendrá después. Damos pie a una inmensa incertidumbre de ese empezar de nuevo, pero es precisamente esa incertidumbre la que necesito y miraré a los ojos, con optimismo de que el tiempo me dará la razón y ambos podremos continuar nuestros caminos por separado.

También espero que no guardemos rencor. A fin de cuentas no eras tú, era yo el que se dio cuenta que merecía algo mejor. Espero que esto te sirva para entender que no se puede ir por la vida dirigiendo el tránsito en caminos ajenos. Y aunque generalmente no soy muy bueno para las despedidas, a ti te dejo ir sin dudar y sin mirar atrás, pero sin resentimientos tampoco.

Y ahora, voy por los sueños, el futuro, la libertad y los tiempos más felices … por mi y por todos mis compañeros.

Adiós a las malas compañías y sus vicios.

BIENVENIDO AL UNIVERSO DE LOS LIBRES Y SUS INCERTIDUMBRES.

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