Nº 8 / La enfermedad de los incomprendidos.

Amigos míos, el mundo nos teme.

Nos señalan con el dedo y nos dicen que tenemos problemas, pero no entienden que nuestra cabeza no es una ecuación matemática, sino un cuadro impresionista.

Nos quieren responsabilizar por nuestra realidad, cuando los arquitectos han sido otros. Esos apoderados que estaban más preocupados del futuro que de la realidad; esas autoridades que cuidan más las apariencias que a las enfermedades; esos expertos que aprendieron que el humo es un commodity que está a la venta.

Para ellos y otros, somos el gen de la controversia. La sangre que derraman las apariencias. La fuerza de la fragilidad. Los incómodos, asimétricos y raros. Se les olvida que no hay piedra preciosa que no sea rara.

No los culpo. Hablan desde el miedo. Le tienen pánico a los que temen. A los que se dan la libertad de sentir. Le temen a lo que no saben controlar. Le temen a los idiomas que no saben interpretar. Le temen a las fuerzas de la naturaleza. Le temen, porque no las quieren liberar dentro de sí.

Somos la prueba viviente de que la sociedad está enferma, pero no de lo mismo que nosotros. Porque tenemos dones que ellos jamás podrán tener. Hemos visto el cielo y el infierno en fracciones de segundo. Hemos batallado batallas infinitas, sin trampas ni armas semiautomáticas. Somos los únicos científicos que han desentrañado todas las verdades de la vida misma. Somos el control del caos y la llama de los temores. Somos valientes desde que pisamos tierra y temerarios cuando agarramos vuelo. Somos incompatibles con las definiciones corrientes. No entramos en los diccionarios, ni en los cuadernos de lenguaje, ni en las enciclopedias.

Pero si entramos en la historia. Porque es de ahí donde cambiamos las cosas. Donde nuestra sed por enredarlo todo, termina creando un nuevo escenario. Somos el giro inesperado en la trama que esperaban que se tratara la vida.  Porque somos indescifrables y pensamos diferente. Creamos lenguas sin intérpretes. Sabemos del infinito, porque lo hemos visto soñando despiertos. Cambiamos el mundo porque no nos gusta lo que han hecho con él. Estamos rotos, porque rompemos con las concepciones de los demás. Nadamos contra la corriente, porque la intuición nos insiste en que no todos los caminos tienen que llevar a Roma. Porque Roma es fome y ya se ha visto una y mil veces.

No teman amigos míos, no tengan miedo. Porque el miedo es el motor que nos empuja hacia adelante. Somos conquistadores en la tierra de todos y de nadie. No se quieren juntar con nosotros, porque se apanican pensando que hay algo más lejos que lo ven sus ojos. No teman y lleguemos más lejos. Empujemos los límites. Rompamos vidrios, ventanas y puertas. Quebremos las verdades a medias, los mitos y las leyendas. Liberemos la mente de la cárcel de la ignorancia. Sintamos cada hueso tronar y hasta el último órgano rugir con furia.

Seamos más libres, sintámoslo absolutamente todo, porque al final … es lo único que nos mantiene vivos.

Nº7 / Te escribí un poquito de eso que todavía no te he dicho.

Estaba pensando y pensando, como siempre lo hago, y se me ocurrió escribirte una cosita. Pero hagamos una cosa … apeguémonos a las leyes del romance del siglo XXI y no te voy a llamar por tu nombre. Ya sea para que nadie más lo sepa en voz alta o para que no te me vayas a espantar al leer estas palabras. 

Lo que pasa es que, según entiendo, los nuevos códigos de la conquista moderna – ampliamente ilustrados por algún escritor pirata de esos que solo publican en esas redes famosas – no le permiten a uno referirse a la chica de su interés por su nombre y menos dedicarle unas palabritas en un blog de mala muerte … o en uno como este al menos. 

Con el tiempo me he ido enterando de muchas otras cosas que ya no puedo hacer, porque las nuevas normas lo indican. Como que ya no podría mencionarte las canciones que me recuerdas – cebolleras algunas, electrizantes otras – porque dicen que hoy por hoy es mal visto eso de dedicarlas. Raro igual, siendo que he sido testigo de tanto galán pobre cantándole el rosario reggaetonero completo a las chiquillas en una que otra fiesta. Y es una lástima, porque creo que mis canciones son de mejor contenido lírico y melódico que esas, y según mi consideración, te estarías perdiendo de tremendas nuevas adiciones a tu lista de Spotify. 

Según los expertos en la materia, tampoco puedo hablarte del clima, de películas viejas, de novelas clásicas o de la última chupá del mate en tecnología, porque son temas “fomes” que hacen que la susodicha posiblemente pierda el interés. “Hay que ser creativo para seducir” me dicen. Y a mí no se me ocurre nada más creativo por estos días que ser honesto y auténtico, que ser todas esas cosas “fomes” que soy y que me definen. Si actúo de otra forma me siento fuera de mi centro, incómodo. Y cuando me incomodo, siempre dejo la escoba, porque suelo decir una pelotudez del porte de la Capilla Sixtina y/o quedar como un verdadero agilado que no se sabe expresar como un ser humano normal. 

Hasta mis amigos me dicen que te ignore, que “no te pesque” y me haga el que no existes en el mundo, para no darte tanta importancia y hacerme el interesante. Como si ignorarte fuera a hacer que te acerques otro poco más a mi cuando estamos en el mismo metro cuadrado. Es que debo reconocer que me parece una perdida de tiempo y espacio tratar de ignorarte y hacerme el tonto ante tu presencia. Se me hace imposible no “pescarte”, cuando automáticamente me quedo mirándote de reojo cada cierto rato – por un segundo o a veces un poquito más – y tratando de hacerme el leso cada vez que te das vuelta. Me resulta imposible hacer como que no estás, cuando cada vez que te ríes me río con tu risa, porque es lo máximo ese sonido que haces. Sería absoluta y totalmente fingido jugar al “te pesco, no te pesco” contigo, cuando la realidad es que no me das tanta pelota como para ganar en ese juego. 

Cuánto me gustaría que esto último no fuera cierto. Cuanto quisiera que cada vez que me vibra el celular, sea con alguna señal de humo de tu parte, aunque sea en forma de sticker, y que no fuera una promo más de Rappi. Que por un minuto pudiera hacer como en mis fantasías inocentonas y acercar mi silla con la tuya para hablarte así como de cerca, o al oído tal vez, y contarte un chiste fome o cualquier tontera que se me ocurre en el minuto. O capaz te digo de una vez por todas que hay un montón de cosas que me gustan de ti. Cosas que muchas veces te escucho decir que no te gustan – porque convengamos que hay veces en que tu inseguridad saca lo peor de ti – y que me gustaría replicarte bien fuerte que a mi me parecen adorables. Es que me dan unas ganas locas de decirte repetidas veces que eres increíble así como eres, imperfectamente perfecta. Imperfecta como todos, perfecta a tu manera.

Pero la realidad es que todas estas palabras son verdades no dichas. Reconozco ante el público que aunque me pasen cosas contigo, tú no sabes de ninguna de ellas. Que es altamente probable que ni siquiera esté en tu radar a la hora de pensar en un acompañante para el matrimonio de alguna amiga. Y que existe la posibilidad de que ni siquiera te imagines que esto fue escrito para ti. 

De cualquier forma, en caso de que alguna vez te lo preguntes, aquí esta todo lo que tenía que decirte esa vez que no me dio para decírtelo cuando no tuve la oportunidad. Ahora vuelvo a mirarte de reojo cada cierto rato, como si me fueras a mirar de vuelta esta vez.

Nº6 / Es la pura verdad.

Oh, la verdad.

Concepto inundado de temores y palabras no dichas.

La verdad no se dice, se cuenta … o al menos eso cuentan que se hace.

Pero la verdad no es un cuento. Es un regalo.

Sea quizás el mejor regalo que nos podemos ofrecer unos a otros, todos los días.

La verdad es un tesoro, en un mar de algas de plástico.

la verdad es todo y no cuesta nada.

La verdad es el testamento perfecto del alma, de lo esencial.

Se dice porque se piensa; se piensa porque se siente; se siente porque está en todas partes.

La verdad no es liberadora. Es la ausencia de esta la que aprisiona.

Oh, la verdad.

Qué lindo sería decirla todos los días.

Nº5 / Deja escuchar como se escucha lo que te están tratando de decir.

Parece ser que los seres humanos se han quedado sordos. No sé si será a causa de lo fuerte que escuchamos la música a través de esos audífonos gigantes, que más parecen rueditas de bicicleta con soporte que aparatos para percibir mejor los sonidos – como indica la RAE-.

O tal vez sea a causa de que el ruido ambiente ha subido sus decibeles a niveles nunca vistos – o escuchados en este caso – y nos acostumbramos a vivir atrapados entre sonidos indistintos que no nos permiten reconocer más que ondas sonoras molestas que entran por los oídos y nos hacen doler hasta el tuétano.

Quizás sean teorías tontas, es probable, pero alguna tiene que ayudarme a explicar por qué parece ser que nadie escucha con claridad cada una de las frases emitidas por los demás. Porque me llama la atención que ya ni siquiera escuchamos con atención lo que nos dice un otro, sin sentir una impetuosa necesidad de contestarle, sin dejarlo terminar sus argumentos, antes de golpearlos en la cara con los nuestros propios.

Vivimos en tiempos en que todos somos dueños de la verdad, a la vez que no somos dueños de nada más. Porque en un mundo donde hemos transitado un largo camino de lucha por las libertades, somos nosotros mismos quienes nos la coartamos cada vez que tenemos la oportunidad de ganar una discusión. Como si ganar una discusión fuera equivalente a obtener un Nobel de la Palabra o un Oscar a Mejor Argumento en una Discusión. Absurdo por decirlo menos. Si fuera así, claramente sería de los que todavía no tienen el placer de subirse a una tarima a recibir uno de esos.  

De un día para otro nos convertimos en jueces sin martillo, abogados de nuestro ego. Nos transformamos en hijos ilegítimos de la verdad; porque nos niega todo el tiempo el derecho a tenerla o hacerla nuestra. Porque no es mía, ni es de otros, y definitivamente no es de nadie. Mientras más tratamos de poseerla, más esquiva nos va a hacer. Porque ella no se quiere someter a la palabrería de una sola versión de los hechos. No es tendenciosa ni partidista, como la gran mayoría de los que abren su boca para ofrecer una declaración no consentida. No votaría ni por A ni por B, mientras exista un abecedario completo de alternativas que le hagan sentido.

Para mi, ganar una discusión tiene tanto valor como ganarse el loto. Puede parecer un premio invaluable, pero no es más que un objeto de la suerte.

Por eso es que hoy en día, muchos callan. Por miedo a que los hagan callar. Por miedo a ser vistos como menos, cuando sus opiniones no tiene sesgos de verdades escritas en otra parte. Cuando su verdad no se ha visto influenciada por algún medio “independiente”, ni por un pseudo-líder de opiniones parcializadas, ni por libros de historia escritos en pasado, ni por la siempre salvadora wikipedia. Su verdad les nace desde el fondo de sus entrañas y debe ser valorada como tal. Como un testimonio del alma, un argumento que no tiene explicaciones racionales ni lógicas ni cuánticas, una apreciación desde la sensibilidad de sus órganos vitales.

Por eso es que esa vieja – y trastocada – frase que dice que no hay opiniones tontas, hay tontos que no opinan, parece absolutamente contraproducente hoy en día. Porque la tendencia muestra que hoy se juzga una opinión bajo estándares creados individualmente sin previa consulta del universo que le compete. Porque hoy en día el partido por la verdad se juega bajo una estrategia Bielsista de someter al rival a como dé lugar.

La verdad puede ser absoluta. Tú verdad no lo es.

Por eso es que hoy invito a todos a agarrarse de las manos, unos a otros conmigo, agárrense de las manos, si ya encontraron amigo. Porque juntos podemos llegar, donde jamás hemos ido, juntos podemos llegar, unan sus manos conmigo.

Ok, quizás me pasé de revoluciones invocando al Puma Rodríguez y parafraseándolo en este momento. Me pasé y me disculpo. Ahora, si leyeron ese pedazo de texto cantando, ustedes son de los míos.

En conclusión: antes de hablar, deje hablar a los demás. Antes de someter a alguien con un comentario, cuente ovejitas y después pregúnteles a ellas si su argumento está lo suficientemente correcto como para dárselo de un mazazo a la persona con la que habla. Antes de interrumpir a alguien, recuerde que ese alguien probablemente pensó largamente – mientras se fumaba un cigarro o haciendo del dos en el baño – lo que le está comentando y no hallaba la hora de echarlo pa’ fuera de la forma más correcta posible. Y si tiene la razón, no la tenga. Porque nadie debería querer ganar, lo que no sabe perder.

Ahora sea cortés, ande con cuidado, edúquese lo más que pueda, respete para que lo respeten y que Dios los ampare siempre … y esta vez, no me discuta si Dios existe o no. Eso dejémoslo para la próxima cerveza.

[ENG] Loneliness is no longer available.

I had to leave town

Run away for a while

But loneliness came with me

Went to the big city

Apple of all apples

And loneliness came with me

A stroll in the park

A glimpse through all of the lights

And loneliness came with me

Beaches, museums, bridges, stadiums,

And loneliness came with me

Climb all the way to the sky

Got a sight of the ground

And loneliness came with me

Had a hot dog on the sidewalk

Wrote some lines in the notebook

And loneliness wrote with me

Laugh out loud with the comic

Sang a song in the morning

And loneliness sang with me

Fell in love in every crosswalk

And again on the department store

And loneliness fell with me

One last falafel in the corner

A big breakfast in a fancy coffee,

And loneliness looked at me

Said goodbye to the city

Dream come true, feel I made it

And loneliness said nothing  

Coming home, looking back

Loneliness is nowhere to be found  

Thinking hard, I realized

I only brought my dreams and a new start.

Nº4 / Profe, cuando grande quiero volver a ser niño.

Hace 22 años la profesora de lenguaje nos pidió que escribiéramos una breve carta donde contáramos cómo nos imaginábamos en el futuro y que soñábamos hacer cuando grandes. Haciendo mi mayor esfuerzo por expresarme de la forma correcta, solo contesté con una frase muy simple y directa:

“Cuando grande quiero ser como George Lucas y crear mi propio Star Wars”.  

Una respuesta que surgió de forma completamente espontánea y natural, que hacía completo sentido con lo que soñaba y recreaba todos los días, mientras jugaba en mi casa.

Me paseaba de pieza en pieza recreando las escenas finales de El Regreso del Jedi, con la única guía del recuerdo de la última vez que la ví. Luchaba palmo a palmo con Darth Vader a sabiendas de que en realidad no quería matarlo, ya que a esas alturas ya tenía conocimiento de que era mi padre. Yo era Luke, claro que lo era. Ese personaje que, en un arco dramático magistral, pasa de ser un joven muchacho lleno de sueños y esperanzas, ha ser el héroe elegido para adentrarse en la aventura de salvar a la galaxia de las manos del Imperio y transformarse en el último Jedi del universo.

Así, día a día, me sumergía a mi mismo en este universo, recreando los movimientos de ataque y defensa, dramatizando cada una de las escenas que tenía frescas en la memoria y trabajando mis expresiones faciales ante cada nueva revelación a la que estaba siendo sometido a medida que transcurría la historia.

Mi vida era una gran simulación. Una película que dirigía, actuaba y adaptada de un texto original maravilloso del gran George Lucas. Él la creó, yo la dirigía.

En un abrir y cerrar de ojos, tengo 22 años más que ese muchacho que vivía en la fantasía y anhelaba con hacerla realidad. En un abrir y cerrar de ojos todavía no logro realizar mi propia adaptación de esa historia, en cualquier forma que fuere posible. En un chasqueo de dedos no me he convertido aún en cineasta, ni en actor y mucho menos en Luke Skywalker.

Pero en un increíble y dramático giro de los acontecimientos, hoy decido canalizar a Doc Brown y teletransportarme 22 años atrás, para escribir la carta que verdaderamente debí haber escrito ese día. Una nueva oportunidad para que esta vez y definitivamente, ese niño haga sus sueños realidad.

Hace 22 años debí haber escrito algo como esto:

Querida profe,

Me gustaría comenzar esta carta por decirle que me parece un poco divertida su solicitud. Pero no precisamente porque me haga reír, sino más bien porque me resulta un poco curiosa y eso me hace mucha gracia. Y me hace mucha gracia, porque en realidad me da la sensación de que yo ya soy exactamente lo que quiero ser cuando grande:

Soy el próximo George Lucas.

No sé si se lo había comentado antes, pero yo ya me estoy desarrollando como cineasta en el interior de mi casa – o mi set como me gusta llamarle – y estoy trabajando hace ya algunos meses en mi propia adaptación de El Regreso del Jedi (o Star Wars VI como dicen los que aún no la han visto).

Yo ya estoy trabajando en cumplir mis sueños y transformarme en lo que quiero ser cuando grande, aunque mi yo de algunos más aún no lo sepa. Y quizás no lo va a saber por un largo tiempo, porque seguramente se le va a olvidar, como siempre se le olvida todo.

Es que es súper probable que mi yo del futuro no sea capaz de recordarlo, porque seguramente estará muy ocupado tratando de sobrevivir a la cruda realidad que se enfrentan los menos privilegiados.  

Además, entre nos, estoy casi seguro que las circunstancias lo empujarán a tomar decisiones estúpidas y seguramente terminará estudiando primero lo que su familia y amigos le insistan que estudie, para después retirarse de esa carrera y estudiar algo más cercano a su hemisferio creativo, que tampoco será lo suficientemente satisfactorio para su espíritu.

Es que lo conozco, lamentablemente lo conozco demasiado y desde muy chico. Sé que tiene miedo y lo va a tener hasta que sea capaz de vencerlo. Y como no tengo forma de comunicarme con él, no tengo cómo ayudarlo a disparar sus miedos como cohetes a otra dimensión y transitar hacia el destino que siempre quiso encontrar. Porque sé que a esas alturas, o en cualquier otro momento de su vida, todavía seguirá queriendo encontrarse ahí.

Usted se preguntará cómo se supone que un niño de 6 años sepa algo de todo esto. Y es que pasa que ya siento que lo entiendo todo, porque he visto algo del mundo en estos años de vida. He visto en los ojos de mis padres y otros adultos cercanos, como añoran y sufren por no haber podido ser lo que soñaron ser cuando tenían mi edad. No necesitan ni decírmelo explícitamente, para poder descifrarlo en el tono de voz que ponen cada vez que recuerdan.

¿Y le digo una cosa? Yo pienso que están completamente equivocados cuando dicen que “ya pasó la vieja”. Yo creo para los sueños no hay edad y mientras corra sangre por las venas, entre oxígeno directo hacia los pulmones y te despiertes todas las mañanas con todos tus sentidos bien puestos, la vida te estará regalando una nueva oportunidad de ser quién tú quieras y cómo quieras. La vida les regala todos los días esa nueva oportunidad, pero el temor les quita la valentía para aprovecharla.

Los adultos deberían recordar más seguido cómo eran cuando niños, aunque sea un segundo. Porque al canalizar ese niño que llevan dentro, comprenderán todos los misterios que no les hacen sentido cuando grandes. Serán capaces de ver con total claridad todos los días que han pasado desde que dejaron de luchar por sus sueños y empezaron a luchar por los de otros. Comprenderán que el universo les sigue regalando oportunidades todos los días y  que a lo mejor si un día se animan, podrían cambiar sus vidas para siempre y llevarlos de vuelta al camino que siempre quisieron tomar, antes de todos los desvíos a los que se enfrentaron.

¿Le puedo pedir un último favor? Si se encuentra conmigo unos años más adelante, hágame el favor de insistirme de que nunca, pero nunca, debo abandonar mis sueños y mis metas en la vida. Son lo más real que tengo y cada vez que se me olvide, seguro me sentiré empelota frente a un mundo de turbulencias. Replíqueme que no tenga miedo, que soy un ser único e irrepetible en el mundo y que dentro de mi vive un paraíso de fantasías desesperado por ver la luz del día. Todos deberían escuchar mi voz alguna vez. Mi voz es la única capaz de expresar y echar afuera un universo interno tan hermoso, que desde muy pequeño se ha estado nutriendo.

Insista otra vez en que no tenga miedo, que mi fortaleza es interestelar, y que no se me vaya olvidar nunca ese niño que soñaba en grande y que tenía la clave para cambiar el mundo. Mi mundo.

Profe, gracias por este ejercicio. Me ha resultado muy entretenido y estoy encantado de poder expresarme frente a usted de la forma en que lo he hecho. Espero que volvamos a hablar en algún momento de la vida y que se encuentre con que esta es probablemente la carta más verdadera que voy a escribir jamás. Y quién sabe, si la ubico para invitarle al estreno de mi ópera prima.

Abrazo grande,

Atte.

Nico.

PD: El que se olvida de lo que sueña, no está suficientemente despierto.

Nº3 / Los rumores son ciertos: la sociedad y yo nos estamos divorciando.

Es con mucho pesar y congoja que debo anunciar nuestra separación definitiva. Después de un largo transitar juntos, he decidido pedirle los papéles de divorcio a la Sociedad.

Quiero aclarar que este quiebre no es antojadizo y no se produce porque ambas partes estemos teniendo caprichosos desencuentros que nos han conducido hacia una relacional abismal. Es más bien una decisión tomada después de un largo ir y venir, intentos de reparación conyugal e incluso, si me atrevo a confidenciar, … terapia de parejas.

Nuestras desavenencias ya son demasiadas y quebraron absolutamente toda posibilidad de reencuentro. Cuando se quiebran definitivamente las confianzas, el cariño y esa mutua construcción de una realidad conjunta, es cuando ya no queda nada más porqué pelear.

Para aclararle a los curiosos y aquellos que constantemente se empecinarán preguntado cuales son las causas definitivas de esta ruptura, he optado por enumerarles una serie de razones que, personalmente, me conducen a tomar esta decisión para preocuparme de reparar mi sanidad mental, emocional e incluso física. Para no tratarla por su nombre todo el tiempo, he optado por referirme a Sociedad como la Contraparte de aquí en adelante. A saber:

  • La Contraparte se ha encargado durante estos 28 años de relación de forzarme a comportarme de una manera cínica y pasiva ante su presencia, para mantener el orden establecido por ella misma de forma autoritaria y tiránica. Con esto, ha hecho esfuerzos constantes por silenciar mi voz entorno a los problemas domésticos y universales que hemos tenido, clamando que mi voz es solo una e insuficiente para representar el criterio de un universo de personas. Dicho en otras palabras, se ha preocupado de silenciarme para no corromper el orden establecido por las fuerzas poderosas que la denominan, minimizándome constantemente y haciéndome ver que para ella no soy más que un simple empleado en la fábrica de formas de vidas que ella dispone.
  • Después de largas revisiones a su whatsapp, redes sociales, diarios de vida e historia, he descubierto su gran mentira: la Contraparte me ha estado engañando todo este tiempo, creándome falsas ilusiones desde que nací. Me hizo entender que podía conseguir todo lo que anhelaba en mi vida, si seguía correctamente el camino que ELLA dispuso para mi. Es decir, no me permite realizar un desvío de forma intencionada sin antes mencionárselo, de forma que ella siempre tiene el margen para traerme de vuelta al camino que ella eligió para mi. La muy desgraciada no quiere que sea yo quien maneje mi propio destino o que elija de qué forma quiero vivir mi vida. ¡NOOOO!, ella y su poder interespacial se encargarían siempre de llevarme con la corriente, sin permitirme salir de ella. Con la remoción de su careta, establezco ante el mundo que de hoy en adelante, el único que tiene poder de decidir mi presente, futuro y libertad, seré yo.
  • Ya no soportaba su intenso nivel de celopatía. Considero que siempre he sido un tipo prudente, que nunca ha engañado ni engañaría a alguien, pero sí debo reconocer que me permití vitrinear otras opciones mientras estaba con ella. A pesar de mis vistazos para el lado, estaba absolutamente enceguecido por el amor que le tenía a la Contraparte. Nunca siquiera hice un atisbo de abandono ni nada por el estilo; solo me conferí el poder de observar el mundo con una mirada desprejuiciada, donde pudiera ser capaz de evaluar de mi propia cuenta si existían otras posibilidades que parecieran más atractivas para mi vida. Pero ella, en un acto de insano recelo, me amenazó en más de una ocasión que de abandonarla, me quedaría absolutamente solo, quebrado y sin una sola perspectiva de vida. Qué villana tan insufrible.
  • No le gustaban mis amigos. Y esto debo reconocer que es un punto bastante importante para mi, porque jamás podré tolerar que alguien me intente dictar el tipo de amistades que debo tener. Menos que me de razones para creer que ellos transitaban por un camino equivocado, como una suerte de pecadores de lo racional, cuando optaban por exiliarse del libre consumo, las exigencias del mercado laboral y/o las formas que tenían de amar a otros. No puedo permitirle a nadie que me dicte lo que tengo que creer y como debo actuar, y menos cederle a alguien el poder de juzgar a diestra y siniestra a todo aquél que no siga la senda que ella pensaba que era la adecuada para vivir la vida.
  • Solo le importaba mi valor económico. Y este punto probablemente sea el que gatilló nuestra ruptura definitiva. Me veía solo como un sujeto productivo más en la fábrica de vidas que ella creó. Solo podía sacar un boleto para el tren que me guiaría por el camino que ella dictaminó que sería el adecuado para satisfacer todas mis necesidades. Pero no reparó en el hecho de que a mi me importa un verdadero y soberano carajo el dinero y los números, y menos me siento como uno más en su siniestro plan por automatizar las vidas de los humanos y sus emociones. Desde hoy, no me guio más por los valores que me dicta su mercado, sino el valor emocional e intuitivo que me dictan mis sensaciones corporales. Ellas serán quienes tengan el poder de dejarme llevar hasta el destino que el universo ha de proponerme atravesar.
  • Por último, para no alargarme en una lista que podría tornarse interminable, solo me queda constatar que he perdido todo el amor y esperanza que tenía puesta en la Contraparte. Nos drenó de esas lindas y primitivas emociones que fluían por nuestras venas e intentó transformarnos en seres inanimados, sin valores emocionales y sueños de vidas auténticas, mejores y libres. Nos quitó la fuerza que teníamos para ser persecutores de nuestro propio destino y nos dejó con el prefabricado que nos regalaba ella al crecer. Nos quitó la vista para ver las múltiples alternativas que el universo tiene para nosotros. Nos quitó las ganas de crear nuestro propio mundo, que al ser compartido con el de otros, creaba un universo mejor para todos. Nos quitó la voluntad para decidir, decir, pensar, creer, amar, inventar, crear y soñar por nuestra propia cuenta.

Quiero decirte a ti, Sociedad (vuelvo a llamarte como corresponde), que ya no volveré a caer en tus trucos. Que ya se terminó esto que intentamos construir juntos. Porque sin duda, es más fácil construirlo entre los que te dejamos y los que creemos en la libertad de todos y cada uno de crear su propio futuro. Es más sincero cuando creamos un nuevo lugar feliz, entre aquellos que nunca dejamos de soñar. Es más honesto, cuando nos empujamos unos a otros adelante, sin tener que mentirnos descaradamente todos los días de nuestras vidas. Es más verdadero cuando transitamos un camino de amor, aquellos que no le tememos a amar y ser amados. Es más real cuando tratamos todos juntos de avanzar el mismo camino, sin querer derribarnos entre nosotros y sin preocuparnos del valor numérico que tenga cada uno.

Lamentablemente sé que, como todo divorcio, toma mucho tiempo antes de que logre concretizarse. Sé que todavía nos queda algo de camino donde deberemos vernos las caras todos los días y donde probablemente vamos a tener que fingir una sonrisa, como si aquí no hubiese pasado nada. Va a doler, no hay duda. Es imposible dejar atrás 28 años de vida sin tener miedo de recibir lo que vendrá después. Damos pie a una inmensa incertidumbre de ese empezar de nuevo, pero es precisamente esa incertidumbre la que necesito y miraré a los ojos, con optimismo de que el tiempo me dará la razón y ambos podremos continuar nuestros caminos por separado.

También espero que no guardemos rencor. A fin de cuentas no eras tú, era yo el que se dio cuenta que merecía algo mejor. Espero que esto te sirva para entender que no se puede ir por la vida dirigiendo el tránsito en caminos ajenos. Y aunque generalmente no soy muy bueno para las despedidas, a ti te dejo ir sin dudar y sin mirar atrás, pero sin resentimientos tampoco.

Y ahora, voy por los sueños, el futuro, la libertad y los tiempos más felices … por mi y por todos mis compañeros.

Adiós a las malas compañías y sus vicios.

BIENVENIDO AL UNIVERSO DE LOS LIBRES Y SUS INCERTIDUMBRES.

[ENG] My arguments against the demand of Zuckerberg & Co. for ‘neglect of duty’

Mister Judge, i decline to accept this demand.

I refuse to participate and get tangled in this montage to which, under my consideration, i have been dragged by mister Zuckerberg, Systrom and Spiegel.

I admit it though, at some point it was a somewhat voluntary drag. But that does not entitle these gentlemen to take away the dignity with which i decide to retire and survive this supposedly hyperconnected universe.

And no, if you may wander, i don’t do it because i am something like a hermit. I am just a young man from a third-world country, or “on track to development” as our president says, that opened he’s eyes one morning and realized that he fell like an infant in arms of this contemporary Big Brother.

I would like to say to the plaintiffs, those who accuse me for ‘neglect of duties”, that it is no longer of my interest to continue submitting myself to the Roman Coliseum they have created. You tell me, who, compos mentis, would like to participate on this cyber-coliseum to be subject of ridicule, amusement and judgement of all the spectators?

Of my consideration, this is the wildest form of masochism to which we submit our poor and damaged self-esteem that, ignoring other agents such as neoliberalism and communism, have already been sufficiently damaged by others, and by ourselves, our whole lives.

And despite that i acknowledge that the sensation of feeling watched and admired by other beings can be addictive, the cowardly murmur that the masses are waging when you are not paying attention to them, is and will be what will determine before the world, virtual at least, the type of consideration that you will provoke in it. And no, I refuse to submit myself voluntarily to that scrutiny.

It is true, in some way all the individuals that play a part on this “community”, or “village” as the most refined would say, are equally responsible for letting ourselves be dragged into this court of the superficial and the unimportant matters. Cause let’s face it, this will not be the place where we show our best version, but rather a poor replica that we bought in some other first-world platform that, as usual, intends to dictate what we should want to become.

If you respectfully allow me to delve into some of my reasons to quit this macabre cyberplace, I would like to tell you that it is partly because I feel deeply disappointed with my own behavior and previous decisions. I am embarrassed and sorry for the videos parodying my peers, the selfies without reason or sense, the googlean poetry and the “artistic” pictures taken from my iPhone 7.

Can i confess something? This situation causes me as much anger as frustration. Because i cannot understand how it can be possible that we are failing so much to each other as a society (myself included). We are becoming more and more visibly invisible and we go through life swearing that everyone cares to know what happened after your camera stopped recording that ‘ig stories’.

Perhaps all the millions of members, or “users” as these tyrants would say, do not recall that famous little phrase that says: “you should not judge a book by its cover”. Because, in these networks, you get the feeling that some prefer to be a cover more than a book.

I can only imagine the face of fright that Shakespeare would have put if his critics had filled with praise the cover of Hamlet, without even reading its first act. Or the cry in the sky that Lennon and McCartney would have put when they found out that people were buying Sgt. Peppers, because the lid made a nice and worthy of framing piece on the wall of their houses.

Personally, i would be incredibly embarrassed to meet this genius and tell him — Hey Sir Paul, tremendous cover that of Sgt. Peppers. You made it! — . I think a statement like that would undermine any possibility of him accepting me as a friend … or at least that we take a selfie together.

Nor do i say that i can even compare to Sir Paul or Sir Shakespeare, but i can definitely relate to that feeling of wanting to be more than what you see at first sight.

i want to believe that i don’t withdraw myself because i have nothing interesting to say, but rather because the best i have to offer does not fit in a few characters or in a selfie in a bathroom or elevator.

That is why i ask you ladies and gentlemen of the jury, Mister Judge, audience; Deny this demand that is imputed to me and allow me to go on with my life without continually devouring data out of my internet plan or space out of the fragile memory of my phone. I request you to allow me to have something to say, wherever i want and whenever i want to say it. I beg for mercy before my mind and anxieties, that enjoy excessively not letting me sleep with their infinite concerns.

I ask you to set me free, so i can start living once and for all … this time without having to ask for the Wi-Fi password in every coffee shop that i go to, like the one where i’m writing this letter.

I will remain attentive to your resolution. Greetings and have a wonderful week.

Best,

Nicolas Ore.

(former @xnicolasore90)

Nº2 / Las vueltas de la vida me llevaron a escribir esta columna.

A mis nóveles 8 años de vida, el profe Alberto Quintano me dijo que yo podía ser el próximo Marcelo Salas. Con esta declaración, ya podía yo y mi familia augurar una impresionante carrera deportiva, que me llevaría directo a la elite del fútbol mundial y a codearme con las grandes figuras de renombre.

Eso sin mencionar que hubiese formado parte importante de la explosión de una generación dorada en nuestro fútbol, que pudo resultar en una gran foto enmarcada en el living de la casa de mis padres, recibiendo copas en el Nacional o el Metlife de manos de nuestros, hasta entonces, honorables presidentes del fútbol sudamericano. 

Portadas inmortales se iban a escribir de mi golazo en el minuto 108 en Brasil 2014 que nos clasificaría a cuartos de final en desmedro del dueño de casa. Cómo les hubiésemos tapado la boca. 

Millones de dólares serían facturados a mi cuenta por sponsors de grueso calibre y mi cara estaría en todas las grandes avenidas de las capitales del mundo, como el rostro más importante del deporte rey. 

Mientras tanto Florentino Pérez y Sir Alex Ferguson se pelearían por mi pase, para comandar a sus equipos a niveles insospechados de éxitos, copas y aficionados coreando mi nombre en cada partido. 

Y a mis actuales 28 años, ya estaría considerando seriamente los próximo pasos de mi carrera, que probablemente me estarían llevando directo a Los Ángeles a cumplir ese viejo anhelo de ser actor de Hollywood mientras juego en el Galaxy, tal como David Beckham. 

Así sería altamente probable que un par de años después estaría recibiendo de manos del mismísimo Robert De Niro el Oscar a mejor actor protagónico en mi primera película, mi ópera prima, de la cuál también sería productor, director, guionista, editor y compositor de la banda sonora.

Por supuesto que con esto, las puertas de las grandes casas productoras de Hollywood y todas las plataformas de streaming habidas y por haber, se me abrirían de par en par para darle rienda suelta a mi imaginación y producir cada una de las ideas de películas y series que quisiera.

Que no se me quede en el tintero mencionar que mi esfuerzo en la composición de la banda sonora de la película, me llevaría a subirme al escenario de los premios Grammys en más de una ocasión durante la premiación, para recibir una cifra histórica de galardones. Todo esto ante la ovación de un público plagado de estrellas que se rinden ante los icónicos discursos proferidos ante cada vez que enfrente los micrófonos con un gramófono en la mano, que también se transformarían en un fenómeno en youtube.

Luego de un sinnúmero de logros deportivos, éxitos de taquilla, súper ventas de discos, una larga lista de ex-novias famosas y largos viajes recorriendo el mundo como embajador por la paz y los derechos de los niños con UNICEF; llegaría el momento de por fin sentar cabeza con la actriz hollywoodense más trendy, hermosa y talentosa de su generación, probablemente varios años más joven que yo.

Y como broche de oro: mis esfuerzos por darle una solución a los problemas de hambruna y falta de agua potable en países africanos rendirían sus frutos y se lograría una disminución al 3% de las personas alrededor del mundo que sigan padeciendo de estos males de la vida moderna, que tendrían como consecuencia mi muy merecida entrega del premio Nobel de la Paz a mis 40 años. 

Posiblemente esto me transformaría en un objetivo de la CIA, por contribuir a la independencia total de todos los países vulnerables del mundo. Y en un impactante “accidente” automovilístico, mi vida terminaría en la acera de la Sunset Boulevard, ante la mirada atenta de miles de turistas grabando en vivo para sus redes sociales y un sinfín de paparazzis que por “coincidencia” se encontraban en el lugar correcto, a la hora correcta. 

Pero más allá de silenciar mi voz, el gran hermano solo lograría transformarme en el más grande ícono de la cultura y los derechos humanos de este siglo y mi nombre resonaría por el resto de los tiempos, hasta que el cambio climático termine con la vida de todos los simples mortales.

Y bueno, si bien esta pudo ser la historia de vida que transformaría la historia del siglo XXI para siempre; en un fatídico entrenamiento futbolístico, me lesioné los isquiotibiales a los 11 años y nunca más pude jugar fútbol. ¿Y mi carrera hollywoodense? se vio truncada por mi incombustible capacidad de procrastinar sin límites, que me acompañó por los próximos 19 años de vida y me tienen este día, justo este día, escribiendo esta columna para ustedes.

Las cosas de la vida. Uno nunca sabe a donde te pueden llevar.

Nº1 / El día en que Zuckerberg&Co. me demandaron por abandono de deberes.

Señor juez, me rehuso a aceptar esta demanda.

Me niego a participar y prestarme para este montaje, al que considero que he sido arrastrado por los señores Zuckerbeg, Systrom y Spiegel. 

Ok, lo admito, fue un arrastre algo voluntario. Pero no por eso tengo que permitirles a los señores quitarme la dignidad con la que elijo sobrevivir a este mundo supuestamente hiperconectado. 

Y no, si se lo preguntan, no lo hago porque sea un ermitaño. Solo soy un joven de un país tercermundista, o en vías de desarrollo como dice nuestro presidente, que abrió los ojos un día y se dio cuenta que cayó como un niño de pecho en brazos de este gran hermano contemporáneo. 

Quisiera decirles a los demandantes, aquellos que me acusan por abandono de deberes, que no es de mi interés seguir sometiéndome a la plaza pública que han creado. Dígame usted, ¿a quién le gusta ir a una plaza pública a ser el divertimento, comidillo y/o sujeto de juicio de todos los asistentes? 

De mi consideración, esta es la forma más salvaje de masoquismo a la que sometemos a nuestras pobres y dañadas autoestimas que, obviando otros agentes como el neoliberalismo y el comunismo, ya se han visto suficientemente dañadas por otros, y por nosotros mismos, a lo largo de la vida. 

Y a pesar de que reconozco que la sensación de sentirse mirado y admirado por alguno que otro ser puede ser adictiva, el murmullo cobarde de las masas es y será la que determinará ante el mundo, virtual al menos, el nivel de interés que provocas en él. Y no, me niego a someterme voluntariamente a ese escrutinio. 

Es cierto, de alguna forma todos los individuos que hemos creado esta “comunidad”, o “aldea” cómo le llaman los más siúticos, somos igual de responsables al dejarnos arrastrar a este tribunal de lo superficial y lo poco importante. Porque enfrentémoslo, aquí no será el espacio donde entreguemos nuestra mejor versión, sino más bien una réplica pirata que compramos en algún otra plataforma virtual primermundista que, como siempre, busca dictarnos lo que deberíamos querer ser. 

Si me permite profundizar en mis razones, quiero comentarle que siento en lo más profundo de mi ser que estoy decepcionado de mi comportamiento y decisiones previas. Estoy avergonzado y arrepentido de los videos parodiando a mis pares, de las selfies sin razón ni sentido, de la poesía googleana y de las fotos “artísticas” tomadas desde mi iphone 7.

¿Es que sabe una cosa?, esta situación me provoca tanta rabia como frustración. Porque no logro comprender cómo puede ser posible que nos estemos fallando tanto como sociedad (me incluyo). Nos estamos volviendo visiblemente invisibles y andamos por la vida jurando de guata que a todos les importa saber qué pasó después de que tu cámara dejó de grabar ese stories (sic).

Acaso todos los millones de espectadores, o “usuarios” cómo les dicen estos tiranos, ¿no recuerden esa famosa frasecita que dice que “no debes juzgar a un libro por su portada”? Porque en estas redes da la sensación de que algunos prefieren ser portada más que un libro. 

Me puedo imaginar la cara de espanto que hubiese puesto Shakespeare si sus críticos hubiesen llenado de elogios la portada de Hamlet, sin siquiera leer el primer acto. O el grito en el cielo que hubiese puesto Sir Paul McCartney al enterarse que la gente estaba comprando el Sgt. Peppers, porque la tapa hacía un lindo y digno de enmarcar adorno en las paredes de sus casas. 

Personalmente me daría una vergüenza increíble encontrarme con este genio y decirle – Hey Paul, tremenda portada te sacaste con el Sgt. Peppers -.Yo creo que una declaración como esa atentaría ante toda posibilidad de que me acepte como amigo … o al menos que nos tomemos una selfie juntos. 

Y tampoco digo que yo me pueda siquiera comparar a Sir Paul o Sir Shakespeare. Pero sí me puedo relacionar con esa sensación de querer ser más de lo que se ve a primera vista (o a segunda, a tercera y así sucesivamente). 

Quiero creer que no me retiro porque no tenga algo interesante que decir, sino más bien lo hago porque lo mejor que tengo para ofrecer no cabe en unos cuantos caracteres o en una foto en el baño o el ascensor. 

Es por esto que les pido señores del jurado, señor juez, audiencia; que denieguen esta demanda de la que se me imputa y me permitan continuar con mi vida sin seguir consumiéndole datos a mi plan de internet o espacio a mi frágil memoria del teléfono. 

Les pido que me permitan tener algo que decir, de la forma en que quiera decirlo y a la hora que quiera decirlo. Les suplico misericordia ante mi mente y mis ansiedades, que disfrutan en exceso el no dejarme dormir con sus interminables inquietudes. 

Les pido que me dejen libre, para poder empezar a vivir … esta vez sin pedir conexión de wifi a cada café al que voy, como desde el que escribo esta carta. 

Quedaré atento a vuestra resolución. Saludos y buena semana. 

Atte.

Nicolás Ore. 

(Ex-@nicolasore_)